En el siglo XVI, los miembros de las cortes reales no se permitían el desborde de sus pasiones, lujo que sólo se daba el vulgo, pero como alternativa, sí podían enamorar a las mujeres con palabras seductoras.
La palabra “piropo” proviene del latín pyropus, que significa “con aspecto de fuego”. Los romanos tomaron esta palabra y la usaron para clasificar piedras finas (granates) de color rubí, porque el rubí simbolizaba al corazón, y era la piedra que los galanes regalaban a la mujer cortejada. Quienes no tenían dinero para regalar rubíes, regalaban lindas palabras: piropos, hecho que vincula la palabra a la pasión que se enciende en el hombre cuando ve a una mujer hermosa, concordante con esa otra versión que dice que “piropo” viene del griego: pyrós “fuego” y opós “cara”, o sea “fuego en la cara”.
Desde aquel tiempo se dice que la mujer se enamora por los oídos, tanto como los hombres por los ojos, dicho que tal vez dio origen a intrépidos requiebros del estilo de: “Tantas curvas y yo sin frenos”.
En nuestro próximo artículo compartiremos la forma en que los hombres ven y sienten esta costumbre tan seductora, según el uso y las costumbres; sobre todo cuando no se tratan de groserías que insulten nuestro ser femenino.
Y a ti, ¿cuál ha sido el piropo más original que te han dicho?
Fuente: Blogderelaciones